Tal parece que se pusieran de acuerdo, que decidieran que ya su obra estaba acabada y era imperecedera, que el Quijote y su fiel Sancho, acompañados por los eternos amantes de Romeo y Julieta, entrarían todos juntos en la posteridad y acompañarían a la humanidad por el resto del tiempo; pero un día como hoy, pero del año 1616, decidieron entrar a la eternidad, como quien termina una representación teatral exitosa, los dos autores más renombrados de las letras hispanas e inglesas. Hoy se conmemora un aniversario más de la muerte de Miguel de Cervantes y Saavedra y de William Shakespeare; juntos vivieron, separados por solo un estrecho mar, y juntos partieron, iguales en gloria y popularidad. Se fueron a encontrar con ese grande de las letras hispanoamericanas, que ya había partido previamente, ese mismo día, pero 80 primaveras anteriores, aquel que fue hijo de conquistador y de princesa Inca, aquel que reflejó como ninguno la forma de vida de ambas sociedades, la autóctona de América y la hispana de los recién llegados, aquel que pasó a la historia como Garcilaso de la Vega.
Y por haber contribuido al desarrollo de la humanidad, por haber sido figuras lumbreras de las letras, por haber legado a las generaciones posteriores una obra inmensa, rica e insuperable por sus valores, enseñanzas y virtudes, quisiera rendirle homenaje, mediante este escrito a esos grandes entre los grandes, señores de las letras y estrellas refulgentes de la historia de la humanidad.
Y seguiremos admirando al insigne caballero, más conocido entre sus semejantes, por Quijote, y seguiremos embistiendo, lanza en ristre, contra los gigantes modernos, no esos que solo giraban sus aspas al viento, sino esos que monopolizan la información y dan una visión tergiversada a los pueblos del mundo, esos que responden a los intereses dictados por el dinero y los privilegios, mientras que millones de seres humanos viven en la miseria y ni siquiera saben leer y escribir.
Y si en algún momento hablan mal de mi obra, si en algún momento me atacan las saetas hirientes de las palabras mal intencionadas, solo tengo algo para decirles a esos señores:
“Deja que los perros ladren Sancho amigo, es señal que vamos avanzando"
Miguel de Cervantes y Saavedra.
William Shakespeare