El Memorial José Martí es uno de esos emblemáticos lugares que identifican a la capital de Cuba.
Hace 16 años quedó inaugurado por el Comandante en Jefe Fidel Castro y, desde entonces, quienes lo visitan encuentran un renovado acercamiento a la vida y obra del más universal de los cubanos.
Sito en la histórica Plaza de la Revolución, el escenario de los grandes acontecimientos que han marcado la vida económica, política y social de la Isla, el Memorial ocupa un puesto en la marmórea torre que, majestuosa, se erige en el corazón mismo de La Habana considerada por muchos como una suerte de velador de los destinos de la capital de la ínsula.
Allí se hacen realidad las palabras de Fidel cuando aquella tarde inaugural del 27 de enero de 1996 vislumbrara: “Pienso que mucha gente va a venir a verlo, no quedará un ciudadano que no venga a este lugar".
Cientos de personas de todas las edades ha disfrutado de ese hálito de paz, sabiduría y cultura que emanan de las áreas de ese museo retrospectivo acerca del poeta y revolucionario considerado el Héroe Nacional.
“En las tres salas permanentes están expuestas valiosas muestras que permiten a los interesados conocer aspectos relacionados con la niñez de Martí, el entorno familiar donde creció, la precaria juventud, la aciaga
etapa del presidio y el posterior destierro, así como también acerca de las estancias en México, Guatemala y Venezuela, hasta su arribo a Estados Unidos”, comenta la especialista de divulgación en el centro, licenciada Tania Rivero Bacallao.
“Poseemos, dijo, importantes documentos relacionados con la preparación de la Guerra Necesaria, la fundación del Partido Revolucionario Cubano y el desembarco en Playitas de Cajobabo, en el oriente cubano. “
No falta allí una breve síntesis que rememora la historia de la construcción de la Plaza, y del monumento a Martí, así como también de la vigencia de su pensamiento en la obra de la Revolución, reflejados en imágenes que atrapan acontecimientos relevantes ocurridos en el lugar.
Con una altura de 18 metros, e integrada por 60 bloques de mármol blanco, la solemne estatua en posición sedente del Maestro, precede al conjunto monumentario, cuya base en forma de estrella de cinco puntas contiene en su interior un mural de cerámica veneciana, donde aparecen grabados con láminas de oro de 22 quilates, 89 textos extraídos del ideario martiano.
Al decir de Bacallao, para divulgar lo mejor de la cultura nacional e internacional, el Memorial tiene también un espacio reservado, pues cuenta con una prestigiosa Sala Transitoria, donde habitualmente renombrados artistas exhiben sus creaciones en exposiciones fotográficas y de artes plásticas, abarcadoras de una amplia gama de técnicas, formatos y estilos.
La equipada Sala de actos, con capacidad para 100 personas, sirve de escenario a variadas actividades y encuentros, entre ellos eventos científicos, conferencias, reuniones de trabajo, seminarios, cursos, talleres, graduaciones, conciertos, peñas y espectáculos infantiles, entre otros.
Mirar la quietud de La Habana
En el memorial se encuentra el punto más alto de la ciudad. Ver a La Habana desde la torre estrellada de la Plaza nos concede otra visión, pues se aprecia la quietud de esta urbe y una vista panorámica irrepetible de unos 50 kilómetros a la redonda y un gran alcance en días claros.
Y es que el Mirador está situado a 139 metros sobre el nivel del mar, en cuyo piso aparecen incrustadas las distancias en kilómetros, desde ese sitio, hasta diversas ciudades del mundo.
A casi seis décadas de iniciada la construcción de lo que después fuera el memorial José Martí, es tradición irrevocable que las más altas personalidades internacionales invitadas al país, rindan tributo de recordación al Maestro, y recorran la instalación, como una oportunidad única de familiarizarse con la historia de Cuba y la de su Héroe Nacional, comentó Tania Bacallao.
Tomado de Tribuna de la Habana