En una revolución verdadera a la que se le da todo, de la cual no se espera ninguna retribución material, la tarea del revolucionario de vanguardia es a la vez magnífica y angustiosa.
Ernesto Ché Guevara
Las ciencias sociales y la práctica política cubanas han demostrado con suficientes argumentos y hechos la importancia que tiene para la Revolución la unidad de sus fuerzas en un solo Partido.
La fundación del Partido Revolucionario Cubano por José Martí en 1892, instrumento político cohesionado, democrático y representativo, constituyó un paso estratégico en el logro de la unidad y un aporte invaluable a la práctica y el pensamiento políticos cubanos.
En el período neocolonial, la unidad de todos los hombres y mujeres comprometidos con la independencia y la justicia social, y su cristalización en una organización de nuevo tipo, fue un anhelo imposible de realizar. Solo el impulso renovador de la Generación del Centenario logró abrir el camino hacia la victoria al sobrepasar los obstáculos que impidieron hasta ese momento la unidad de las fuerzas revolucionarias y progresistas de la época.
La lucha armada en las montañas, la conducción política y militar de Fidel Castro y la ética mantenida por las fuerzas rebeldes desde 1953, propiciaron que la nueva vanguardia revolucionaria, y especialmente su líder, fueran depositarios de la esperanza del pueblo cubano. Estos factores incidieron en la consolidación de la unidad de las distintas organizaciones que participaban en la lucha contra la dictadura de Batista.
La hostilidad estadounidense, la radicalización de la Revolución triunfante y la decisión de construir el socialismo obligaron a una mayor cohesión. Las Organizaciones Revolucionarias Integradas, el Partido Unido de la Revolución Socialista de Cuba y finalmente el Partido Comunista de Cuba (PCC) fueron los exponentes de un genuino proceso unitario, trascendental para el curso del proyecto cubano.
HERENCIA Y RESPONSABILIDAD
Es innegable el peso determinante que ha tenido la figura de Fidel Castro en la Revolución cubana. El pueblo, con su agudo olfato, vio en Fidel al líder capaz de liberar por un mismo cauce los impulsos independentistas de 1868, la conciencia antimperialista sembrada en 1895, el renacimiento ético y progresista de las primeras décadas del siglo XX, y la voluntad martiana de crear una República "con todos y para el bien de todos", defensora de su papel en Nuestra América.
Sin embargo, Fidel, con su alto poder de movilización y dirección, ha defendido siempre el papel del PCC en la construcción, preservación y desarrollo de la nueva Cuba.
La Proclama del Comandante en Jefe al Pueblo de Cuba en julio de 2006 y el inicio de la actualización del modelo económico, confirman que el proceso revolucionario y el sistema político cubanos entraron en una nueva etapa de su desarrollo, en la que el PCC está llamado a reforzar su papel central.
Un mes antes de la Proclama, en el acto por el 45 Aniversario del Ejército Occidental, Raúl Castro recalcó:
"…Únicamente el Partido Comunista, como institución que agrupa a la vanguardia revolucionaria y garantía segura de la unidad de los cubanos en todos los tiempos, puede ser el digno heredero de la confianza depositada por el pueblo en su líder".
Heredar la confianza que todo un pueblo depositó en un hombre desde 1953 representa un honor, pero más que todo, significa una gran responsabilidad: defender y proyectar en el futuro la inmensa obra revolucionaria que acrisola el empeño y los sueños de millones de cubanos durante más de 140 años de luchas. Le toca al PCC, y no a otra organización o institución, cumplir esa tarea.
La nueva hornada de dirigentes y cuadros partidistas enfrentarán una obra inmensa que requerirá de una gran dosis de valentía, inteligencia, sacrificios, humanismo, modestia y un estricto apego a la historia, la justicia y la verdad. Solo así podrán evitar el suicida aislamiento de las masas, acerca del cual alertó el Che.
El debate popular que antecedió al VI Congreso del PCC y la batalla que encabeza Raúl contra "la inercia, el inmovilismo, la simulación o doble moral, la indiferencia e insensibilidad" de los burócratas y cuadros incapaces, buscan desterrar las condicionantes políticas y económicas que provocarían la reversión del socialismo en nuestro país. Y el PCC está, tiene que estar, en el epicentro de esa lucha.
Jamás se discutirá entre los revolucionarios cubanos si uno o más partidos. La historia enseña que una concesión abriría la brecha por donde naufragarían todas las conquistas, incluso, la soberanía y la nación. Ahora solo se discute qué Partido queremos. Si es uno, pues que sea el más democrático, ha pedido Raúl. Que siga siendo el referente a seguir por toda la sociedad y que en él siempre esté la vanguardia, la verdadera, la que no solo dice estar dispuesta, sino que corre la misma suerte del pueblo y demuestra con su actuación diaria las verdades y consignas de la Revolución. Solo así el Partido podrá asumir tan suprema herencia.
Tomado de Cuba en Noticias