Se cumplen 114 años de haberse aplicado en Cuba la reconcentración campesina entre los años 1896 y 1897, por Valeriano Weyler y Nicolau, lo que significó una política de desastre y horror contra el pueblo cubano.
Nombrado Capitán General de la isla en febrero de 1896, en sustitución del fracasado Martínez Campos, el también titulado Marqués de Tenerife tenía plenos poderes, como última carta de Madrid en la guerra, para aplicar una política represiva contra la población local.
El objetivo principal era aislar a los mambises de la población que los admiraba, respetaba y les ofrecía ayuda, aplicando una guerra de jurisdicción y juicios sumarios a todo el que divulgara noticias favorables a estos, le suministrara armas, caballos y todo lo que pudiera auxiliarlos en el desarrollo de la lucha.
La proclama de la reconcentración decía: "Todos los habitantes de las zonas rurales o de las áreas exteriores a la línea de ciudades fortificadas, serán concentrados dentro de las ciudades ocupadas por las tropas en el plazo de ocho días. Todo aquel que desobedezca esta orden o que sea encontrado fuera de las zonas prescritas, será considerado rebelde y juzgado como tal.
Queda absolutamente prohibido, sin permiso de la autoridad militar del punto de partida, sacar productos alimenticios de las ciudades y trasladarlos a otras, por mar o por tierra. Los violadores de estas normas serán juzgados y condenados en calidad de colaboradores de los rebeldes.
Se ordena a los propietarios de cabezas de ganado que las conduzcan a las ciudades o sus alrededores, donde pueden recibir la protección adecuada".
Por esta razón, en la parte oriental de Cuba gran parte de la población emigró masivamente hacia los territorios en manos de los independentistas, mientras que en el occidente, hacia importantes localidades, incluida La Habana, se produjo una oleada humana sin precedente. Vale destacar que al aplicar esta inhumana medida las pérdidas de las cosechas fueron muy grandes, lo que provocó una hambruna generalizada, la cual unida a las enfermedades que trajeron consigo las pésimas condiciones de salubridad en los campos, terminaron diezmando a la población.
En el período centenares de personas fueron obligadas a abandonar sus hogares y a concentrarse, resultando damnificados, sufriendo enfermedades o pereciendo más de 300 mil cubanos, en su mayoría niños, mujeres y ancianos.
Coincido con aquellos que consideran que Weyler se anticipó en el siglo XIX a los métodos fascistas que emplearon las hordas hitlerianas en varios países de Europa durante la Segunda Guerra Mundial.
El gobierno de EE.UU. conocedor de la tragedia imperante en la Isla por informaciones de su representante en La Habana y las fotos publicadas en la prensa, como siempre, contempló el genocidio, esperando que la fruta estuviera madura para hacer su entrada triunfal. Recordemos la intervención norteamericana en Cuba, que tuvo lugar en abril de 1898, cuando el colonialismo español ya estaba en su etapa decadente y el triunfo de los mambises era inminente.
Pienso que si en 1898 nuestros antecesores fueron capaces de resistir aquella calamidad y la intervención norteamericana que costó miles y miles de vidas. Los cubanos de hoy, mantenemos muy en alto el ejemplo imperecedero que ellos nos legaron, y como dijera el Comandante en Jefe Fidel Castro en una ocasión: "Por duras que sean las circunstancias, no podrán ser como aquellas que vivió Cuba bajo las condiciones de la reconcentración de Weyler, que es lo quiere repetir el imperialismo yanqui: tratar de rendir por hambre y por enfermedades a los cubanos, pero no hay pueblo que pueda ser rendido si está decidido a resistir, si está decidido a luchar.
Tomado de Radio Angulo