La historia de Cuba está entrecruzada con hombres de ideas que por siglos engrandecieron el honor de la Patria. Carlos Baliño, hijo ilustre del municipio artemiseño de Guanajay, precursor del pensamiento marxista en la Isla, es de esos que delinean futuro.
El 13 de febrero de 1848 nació este revolucionario en la Villa Blanca, en la entonces provincia de Pinar del Río. Los guanajayenses sienten orgullo por su obra, legada a futuras generaciones.
Por su actividad política logra establecer estrechas relaciones con José Martí, junto a quien en Cayo Hueso, en 1892, suscribe las bases y el acta de constitución del Partido Revolucionario Cubano, creado por el Maestro.
Luego de la guerra contra España en 1898 regresa a Cuba para dedicarse por entero a la causa de la independencia frustrada por Estados Unidos con su intervención en la contienda y proclamación de una República Mediatizada, envuelta en servilismo y dependencia política y económica a Washington.
Las primeras décadas del siglo XX lo acercan al movimiento obrero y estudiantil en la búsqueda incesante de reivindicaciones sociales y políticas. Existe en el país un despertar de la conciencia nacional ante la deplorable situación interna.
Organizador del Partido Obrero Socialista y admirador de la Revolución Rusa de 1905 y la de Octubre de 1917, que tuvieron gran influencia en su accionar político, Baliño escribe profundos trabajos en “La Voz Obrera”, “El Socialista”, y otras ediciones de la época, que proyectan su ideología progresista y particularmente marxista.
Su vínculo con Julio Antonio Mella se produce en 1922, siendo corrector de pruebas del Boletín del Torcedor y la revista Juventud. Es tal la identificación que se establece entre ambos por sus ideas, que junto a otros activistas de reconocida trayectoria revolucionaria, fundan el Partido Comunista de Cuba, en 1925.
Toda su vida es bregar por la emancipación de la nación, representa símbolo genuino del patriotismo de los cubanos. Al morir en 1926, a modo de nota necrológica, el Boletín del Cigarrero aportó como epitafio el artículo “La caída del Roble” en alusión a la fortaleza de pensamiento y accionar militante de Baliño.